La palabra atopia significa alergia, pero la dermatitis atópica no se comporta como las alergias habituales. En la dermatitis atópica no se observa esa  relación directa entre la exposición  a la sustancia responsable de la alergia y el brote de dermatitis y la simple eliminación del alérgeno a veces no soluciona el problema.

Lo que está claro es que la dermatitis atópica se asocia con otras enfermedades alérgicas, sobre todo alergia alimentaria, asma y rinitis alérgica. Como cada una de estas enfermedades se presenta a una edad  diferente, se llama marcha atópica a la evolución de las mismas, que se van produciendo sucesivamente durante los primeros años de vida. Mientras unos síntomas van mejorando, otros nuevos van  apareciendo. Lo más típico es el niño con dermatitis atópica que luego tiene asma y finalmente rinitis alérgica.

La dermatitis atópica, también llamada eczema, es una de las enfermedades inflamatorias de la piel más frecuentes en pediatría. Entre un 10 y un 20% de los niños la va a padecer. Se calcula que un 67% tiene síntomas leves, un 26% moderados y un 7% grave. Los primeros síntomas pueden aparecer desde los 4 meses de vida y al año de edad ya afecta a un 13% de los niños. Esta cifra aumenta al 20% a los 2 años de edad.

El asma es más difícil de definir, porque muchos niños tienen sibilancias o pitos durante las infecciones respiratorias, sobre todo  por rinovirus y virus respiratorio sincitial, que son los más frecuentes en la infancia.

El diagnóstico de rinitis alérgica tampoco es fácil en niños, porque los mocos son un síntoma muy inespecífico que se relaciona sobre todo con infecciones víricas del tracto respiratorio y los estornudos pueden presentarse también en un catarro de origen vírico.

El concepto de marcha alérgica se definió hace unos 15 años para nombrar la típica progresión entre distintos síntomas alérgicos que se siguen unos a otros. Si un niño de meses o pocos años de edad empieza con una dermatitis atópica, podemos prever si va a padecer otras enfermedades alérgicas en el futuro. El 50% de los pacientes con dermatitis atópica desarrollarán asma y otras enfermedades alérgicas.

¿Cómo sabemos quiénes serán los “elegidos” para tener asma o rinitis?

Un factor de riesgo es el comienzo precoz de la dermatitis. También cuando la dermatitis atópica se asocia a la sensibilización a alérgenos inhalados o alimentarios. También tienen más riesgo los niños con dermatitis persistente frente a los que cursan en brotes poco frecuentes.
Aunque las alergias alimentarias no están estrictamente incluidas en el concepto de marcha atópica, sí que existe una gran relación entre la dermatitis atópica y la alergia alimentaria. Al fin y al cabo, la piel y la mucosa digestiva son las barreras externa e interna que separan el cuerpo de las sustancias extrañas del exterior.
La dermatitis atópica, la rinitis y el asma tienen también una base genética en común. Cuando la madre o el padre de un niño con dermatitis tienen asma, ya sabemos que ese niño tendrá más riesgo de tener asma en el futuro.

Tanto en la dermatitis atópica como en el asma hay alteraciones en la respuesta inmune, en la forma en que las defensas reaccionan frente a las infecciones. Los niños con dermatitis atópica tienen más tendencia a tener infecciones por rinovirus o virus respiratorio sincitial, el de la bronquiolitis, virus que son también reconocidos factores causales del asma infantil.

¿Podemos hacer algo para prevenir la evolución de la marcha alérgica?

Conocer las causas que producen la marcha atópica es muy importante para conseguir prevenir la evolución de estas enfermedades. Teóricamente si pudiéramos influir en los factores causales durante el embarazo o los primeros años de vida podríamos interrumpir la evolución de la enfermedad. Basándonos en esta teoría, se han intentado múltiples estrategias:

  • Someter a las embarazadas de riesgo a dietas especiales no ha tenido mucho éxito.
  • Administrar probióticos a las embarazadas y a los bebés ha dado algunos resultados, pero no se mantienen a largo plazo.
  • La introducción precoz (a los 4 meses) de algunos alérgenos alimentarios como el cacahuete (en Estados Unidos es una de las causas de alergia alimentaria más frecuentes) ha tenido resultados variables.
  • La exposición a perro o gato durante los primeros años de vida podría ser protector para el desarrollo de alergias posteriores (esto  lo puedo confirmar personalmente porque fueron los resultados de mi tesis doctoral).
  • Aplicar cremas hidratantes al bebé desde recién nacido para prevenir la dermatitis atópica tampoco parece que funciona.

Lo que sí se sabe es que el correcto tratamiento de la dermatitis atópica resulta muy importante. Aplicar emolientes adecuados en cuanto empiecen los primeros síntomas y aplicar los tratamientos adecuados precozmente. No hay que tener miedo a usar corticoides cuando el médico lo indique si es necesario, ni retrasar su aplicación. Porque la piel irritada facilita la entrada de alérgenos y puede desencadenar otras enfermedades alérgicas como asma o rinitis atópica. También está demostrado que el tratamiento con vacunas de alergia en la rinitis alérgica evita el desarrollo de asma en niños alérgicos, sin embargo el tratamiento de la simple sensibilización no es efectivo para evitar el desarrollo de dermatitis o asma. No sirve de nada tratar a un niño que ha tenido una prueba de alergia positiva si no tiene aún ningún síntoma.

Pruebas de alergia: cómo, cuándo y a quién

De todo lo dicho, si hay antecedentes familiares de asma, el niño tiene una dermatitis atópica desde los primeros meses de vida y además una alergia alimentaria, ya sabemos que es muy probable que en el futuro desarrolle una rinitis alérgica o asma. En este caso es importante tratar adecuadamente la dermatitis, estar alerta a los primeros síntomas de rinitis o asma, tratar la alergia precozmente…y adoptar un perro.

Imagen marcha atópica: Revista de la Facultad de Medicina (México)