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jueves, 30 de agosto de 2018

El ejercicio en los niños

La actividad física es fundamental para la salud, de eso no hay ninguna duda. 
El ejercicio en los niños, además de fortalecer los músculos y los huesos, previene la obesidad, el aumento del colesterol, la diabetes y la hipertensión;  mejora el estado de ánimo y el rendimiento académico, además de mejorar la calidad del sueño y aumentar la autoestima. 
Y para los niños es una magnífica manera de conseguir dos grandes objetivos: fomentar un estilo de vida saludable y darles la oportunidad de jugar.  El juego es la actividad más importante que debe realizar un niño y jugar practicando un deporte es fundamental para su desarrollo. 

Pero ¿Qué ejercicios debe hacer un niño y cuánto tiempo debe dedicarle?

La OMS recomienda que los niños practiquen un mínimo de 60 minutos al día de alguna  actividad física vigorosa, en su mayor parte aeróbica, y unas 3 veces por semana alguna actividad que refuerce los músculos y los huesos. 
Pero habla de mínimos, ya que la práctica de actividad física durante tiempos superiores a los 60 minutos diarios reporta mayores beneficios para la salud. 

1 hora al día de ejercicio aeróbico intenso  de lunes a domingo y 
una actividad programada 3 veces a la semana es lo mínimo 

¿Qué consideramos actividad aeróbica vigorosa?

Se considera que una actividad física es vigorosa cuando la respiración se acelera tanto que se hace difícil mantener una conversación. Podría ser correr, nadar o montar en bicicleta, pero estas actividades, así, de forma aislada, pueden resultar aburridas para un niño. Deportes de equipo como el fútbol o el baloncesto pueden ser una alternativa, o deportes individuales como tenis o atletismo

Lo importante es que el niño disfrute 

¿Cómo conseguimos desarrollar la fuerza?

Cuando pensamos en ejercicios de fuerza nos vienen a la mente los ejercicios de levantamiento de pesas, flexiones, abdominales o dominadas. Y difícilmente veremos a niños en el gimnasio practicando estos ejercicios. Pero sí que hacen este tipo de ejercicios cuando se agachan para recoger los juguetes, juegan en el parque en las barras paralelas, trepan o hacen el pino

¿Y pueden hacer ejercicios con pesas?

Aunque durante mucho tiempo se pensó que las pesas perjudicaban el crecimiento en los niños, se ha visto que no solo no es así, sino que el uso prudente del entrenamiento con pesas mejora la fuerza y el rendimiento deportivo, puede prevenir lesiones o acelerar su recuperación
El objetivo en estos casos no es aumentar la masa muscular como en el culturismo, por ejemplo, sino mejorar la fuerza en general para aumentar el rendimiento.  

Los niños ya son muy flexibles ¿Es necesario que estiren?

Los estiramientos son necesarios para mantener o aumentar la flexibilidad. Los niños son más flexibles cuanto más pequeños, por lo que  cuanto antes se empiecen a practicar los ejercicios de flexibilidad, mejores serán los resultados a largo plazo. Es posible conservar la flexibilidad infantil si los ejercicios se practican de manera ininterrumpida.  Lo ideal es hacer los estiramientos diariamente con los músculos en caliente para evitar lesiones. Se pueden hacer justo después del calentamiento o al finalizar la actividad  procurando  ser muy cuidadosos y avanzar lentamente para evitar lesiones. 

Y si el niño es muy “torpe” ¿Qué ejercicios le conviene hacer?

El ejercicio también ayuda a mejorar el equilibrio y la coordinación.  Caminar sobre una barra de equilibrio, montar en bicicleta o bailar ayudan a mejorar el equilibrio y la coordinación, así como dar patadas al balón, practicar deportes de raqueta o lanzar y recoger pelotas o discos. 

¿Qué más podemos hacer?

Además de las actividades extraescolares y las clases de educación física, que deberían cubrir esos mínimos señalados de 1 hora de ejercicio aeróbico vigoroso al día y alguna actividad para desarrollar la fuerza 3 horas a la semana, podemos tomar algunas medidas para llevar una vida más activa, que podrían resumirse en los siguientes puntos:

  • Ir al cole andando o en bici
  • Subir escaleras
  • Barrer, limpiar o trabajar en el jardín
  • Sacar al perro. 
  • Disminuir el tiempo de pantallas y las actividades sedentarias. (ya hablaremos de esto próximamente)
  • Dar ejemplo. No tienes más excusas. Ponte el chándal, cálzate las zapatillas y ¡a moverse!



miércoles, 18 de julio de 2018

El anisakis y el pescado en la alimentación infantil

El anisakis es un parásito que se encuentra en productos de la pesca y que se está viendo en España cada vez con más frecuencia. En parte por un aumento del consumo del pescado, pero también porque se consume más en formas no tradicionales, como crudo, marinado o preparado de forma que no elimina por completo el parásito. 
Los productos que se encuentran más habitualmente contaminados por el anisakis son el bacalao, la sardina, el boquerón, el arenque, el salmón, el abadejo, la merluza, la pescadilla, el fletán, el rodaballo, la caballa, el bonito, el jurel, el calamar y la sepia. Casualmente, muchos de los pescados que elegimos para nuestros niños para evitar los pescados grandes como el atún, el pez espada, el tiburón o el lucio, más contaminados con mercurio
Cuando hablamos de parásitos pensamos en seres microscópico, y que se precisa al menos una lupa para detectarlos ¿no? Pues el anisakis es bastante grande. Visible a simple vista. Podéis echarle un ojo en este video. 

El anisakis produce dos tipo distintos de enfermedades.

  • Anisakiasis: cuando se consume pescado crudo o poco cocinado, el parásito vivo penetra a través de la mucosa digestiva produciendo una reacción inflamatoria. Los síntomas consisten en dolor abdominal, nauseas, vómitos y a veces diarrea. Los síntomas puede aparecer tan pronto como 1 hora después de haber comido el pescado crudo y hasta 1 semana después y se pueden confundir fácilmente con una intoxicación alimentaria, incluso una apendicitis. El antecedente de haber comido pescado crudo es muy importante en estos casos. 
  • Alergia al anisakis: los síntomas son difíciles de distinguir de los de otras alergias alimentarias, y es fácil confundirla con una alergia al pescado. Lo más habitual es que se produzca una urticaria, las típicas ronchas que aparecen inmediatamente después de comer el pescado contaminado, pero también puede producir otros síntomas alérgicos más graves, como broncoespasmo o un cuadro grave de anafilaxia. En estos casos es importante hacer el diagnóstico correcto determinando la IgE específica, el anticuerpo  responsable de las alergias, para distinguirlo de la alergia al pescado. Los pacientes alérgicos al anisakis podrían, al menos teóricamente (porque no está muy claro que esto realmente suceda), tener una reacción alérgica si comen un pescado correctamente cocido o previamente congelado que contenga el parásito inactivo. La recomendación actual es que los alérgicos al anisakis eviten el pescado en todas sus formas. 
Para minimizar el riesgo de contaminación por el parásito, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, siguiendo recomendaciones europeas, obliga a los distribuidores de pescado a que se aseguren  visualmente de que el pescado no contiene anisakis. Cuando el pescado se va a consumir crudo, en salazón, marinado, o de otra manera que no asegure la destrucción del parásito, el productor debe congelarlo a -20ºC durante 24 hs o a -35ºC durante 15 hs. Estas temperaturas solo se alcanzan en condiciones industriales, por lo que no se pueden aplicar al ámbito doméstico, a lo que podemos hacer en casa. 

¿Cómo debemos cocinar el pescado?

Los métodos tradicionales de preparación, como cocción, horneado, fritura o plancha, inactivan al parásito porque solo es necesario someter el pescado a mas de 60ºC durante 1 minuto, y normalmente se superan estos límites. 

  • El pescado cocido o frito no precisa precauciones especiales, ni congelación previa
  • Cuando se prepare a la plancha se recomienda precalentar la plancha, voltear el pescado durante la cocción y verificar que está bien hecho, comprobando que la carne se separa fácilmente de la espina. 
  • Si se utiliza el microondas es necesario voltear varias veces la pieza para evitar los puntos fríos y dejar reposar tapado al menos 2 minutos tras finalizar la cocción, comprobando también que está bien hecho. 

¿Cómo debemos congelar el pescado que vamos a consumir crudo?

Las preparaciones que no matan al parásito y resulta obligado congelar el pescado son, por ejemplo, los boquerones en vinagre, el ceviche, el sushi, el escabeche, los ahumados y algunos pescados poco salados. (los pescados muy salados y las anchoas en semiconserva no precisan congelación)

Los congeladores domésticos alcanzan diferentes temperaturas dependiendo del número de estrellas, pero se necesitan, como decíamos, al menos una temperatura de -20ºC y los congeladores de 1 o 2 estrellas no alcanzan estas temperaturas. Los frigoríficos de 3 estrellas, los frigoríficos-congeladores de 4 estrellas, los congeladores verticales y los congeladores tipo arcón alcanzan temperaturas adecuadas, pero precisan al menos 5 días para que se inactive el parásito, en condiciones habituales del uso que le damos al frigorífico en casa. 

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martes, 3 de julio de 2018

Tu lactancia de principio a fin

Por fin llegó el gran día y os puedo presentar mi libro
Tu lactancia de principio a fin con prólogo de mi admirado Julio Basulto.

Comprar 


Como pone en la contraportada,
Este  libro  no  es  una  recopilación  de  datos  sobre  los  beneficios  de  la  lactancia  materna,  ni  tampoco  el  listado  completo  de  las  ventajas  que  supone  prolongar  la  lactancia  más  allá  de  los  primeros  meses.  Tú  ya  sabes  todo  eso  y  has  decidido  que  le  darás  el  pecho  hasta  que  tú  o  tu  bebé  decidan  dejarlo.  Lo  que  encontrarás  aquí  será  toda  la  información  que  necesitas  para  conseguir  ese  objetivo  y  superar  todos  los  obstáculos  que  se  irán  presentando  en  las  distintas  etapas  de  la  lactancia,  a  la  luz  de  los  conocimientos  más  actuales  que  nos  proporciona  la  ciencia. 
Quería escribir un libro para ayudar a todas aquellas madres que ya han decidido que van a darle el pecho a su bebé, y que quieren disfrutar de la experiencia maravillosa de la lactancia materna.
Pero la lactancia es un camino de rosas, con sus flores y sus espinas. Así que me propuse intentar anticiparme a los problemas y las dificultades más habituales que van surgiendo durante el proceso y buscar una solución útil, sensata, pero también avalada por la más actual evidencia científica.
Espero haberlo logrado. Ahora es vuestro turno de juzgarlo y darme vuestras impresiones. Esto es más o menos lo que encontrareis en él:

Prólogo de Julio Basulto (Dietista-Nutricionista)
1 - Planificar el embarazo:  Los primeros pasos, alimentación de la embarazada, suplementos, precauciones, prepararse para la lactancia.
2 - ¿Dónde va a nacer? El plan de parto: Epidural, piel con piel, cuidados habituales del recién nacido, el parto en casa, el parto en el agua, conservar el cordón.
3 - Los primeros días en el hospital: La importancia de un buen enganche, ni chupetes ni tetinas.
4 - Los primeros días en casa: La subida de la leche, ¿retención, ingurgitación o mastitis?, ¡mi leche parece agua! La pérdida de peso normal.
5 - Los primeros meses: cólico del lactante, esos gases ¿será algo que yo como?, el bebé que echa más de lo que toma, regurgita demasiado ¿no será algo más?, no hace caquitas, el chupete en el segundo mes de vida, le tocan vacunas ¿que puedo hacer para que no le duelan?, está todo el día con las manos en la boca ¿serán los dientes?, creo que no tengo suficiente leche (la crisis de los 3 meses), ahora no quiere comer ¿qué le pasa?, el sueño normal, entrenamiento del sueño, la vuelta al trabajo, adelantar la alimentación complementaria, empezamos la guardería, los primeros dientes.
6 - Cuidados de la madre lactante: alimentación, suplementos, hierro, calcio, vitaminas, agua, infusiones, medicamentos, alcohol, tabaco, cafeína.
7 - Alimentación complementaria, ahora sí: ventajas y riesgos del BLW.
8 - BLW Por dónde empezar: frutas, cereales, verduras, carnes, agua, alimentos prohibidos.
9 - Lactancia más allá del año: autonomía, el niño que ya sabe hablar, rabietas, ¿hasta cuando los beneficios para la inmunidad, la alimentación o el desarrollo?, lactancia nocturna y riesgo de caries, ¿cuanto debe durar la lactancia?, el destete.
Carta de una mamá que lo logró 
Agradecimientos 
Biografía
Bibliografía (más de 275 referencias bibliográficas)
Lo podéis conseguir en papel y en ebook a través de Amazon pinchando en el siguiente enlace
y os lo presento personalmente magníficamente acompañada por Natalia Moragues (Dietista-Nutricionista), Carmen Vega (Médico y autora de Lactancia materna-Casos reales de superación) y Carlos Casabona (autor de Tú eliges lo que comes) , el próximo lunes 9 de julio en el centro Alvida de Sevilla. Si estás por ahí, me encantaría verte.


sábado, 30 de junio de 2018

Vacuna contra meningitis B (Bexsero ®) El porqué de la nueva pauta.


Ya lo sabíamos desde hacía un tiempo, pero finalmente las autoridades sanitarias lo han hecho oficial.

A pesar de que el meningococo B es el causante de la mayoría de las meningitis bacterianas en España, la vacuna autorizada para proteger a los bebés, Bexsero ®,  no está incluida en el calendario oficial de vacunaciones.

Si quieres inmunizar a tu niño tienes que comprarla.

Hasta ahora, se recomendaba una pauta que incluía 3 dosis en el primer año de vida y un refuerzo a partir del año. Normalmente las primeras se ponían a los 3, 5 y 7 meses y el refuerzo a los 13 ó 14 meses, con idea de separarlas de las vacunas del calendario oficial. Los niños que empezaban a vacunarse después de los 6 meses recibían 2 dosis más un refuerzo y los mayores de 2 años, solo 2 dosis.

Esto se hacía así porque estas fueron las pautas probadas en los ensayos clínicos (estudios que se hacen antes de la autorización de un medicamento) y que se comprobaron que eran eficaces.

Actualmente la Agencia Europea  del Medicamente y luego la Española recomiendan reducir una dosis cuando la pauta de vacunación se inicia a los 3 meses de edad.

¿En que se basan?


En septiembre de 2015, el Reino Unido decidió vacunar a los bebés con solo 3 dosis, a los 2 y 4 meses con un refuerzo a los 12 meses, en lugar de las 4 dosis como recomendaba el fabricante. Lo hicieron después de un exhaustivo estudio (las conclusiones solamente son 19 folios) porque no salían las cuentas. Era una vacuna muy cara y los casos relativamente escasos. Pero las autoridades británicas tuvieron en cuenta otros factores. Aunque es una enfermedad relativamente poco frecuente (en España afecta a 11,51/100 000 niños menores de 1 año y a 3,12/100 000 niños entre 1 y 4 años) la gravedad y rapidez con que se desarrolla la enfermedad en los miembros más pequeños de la sociedad resulta devastadora. La mortalidad sigue siendo alta (alrededor del 10%) con unas tasas de secuelas graves también altísimas (30%) .Tenían que conseguir incluirla porque difícilmente una familia podría entender que un hijo enfermara por una enfermedad grave, potencialmente mortal, habiendo una medida preventiva eficaz como esta vacuna.

Después de plantear distintas opciones, decidieron reducir las dosis recomendadas, lo que sumado a una importante bajada de precio de la vacuna que negociaron con el fabricante, consiguieron que cuadraron los números.

¿Porqué optaron por poner una dosis menos?


Porque contaban con que la vacuna proporcionaría protección de grupo, como ya se sabe que ocurre con otras vacunas. Lo que se conoce como efecto rebaño. Si la gran mayoría de la población está vacunada, el germen circula menos y las probabilidades de enfermar son menores. Eso permite que, aún disminuyendo el número de dosis, la protección de todo el grupo sea igual de buena.

Pero esto era una teoría. Había que confiar en que funcionaría.

Afortunadamente, un año después de iniciar la vacunación sistemática, los resultados de los estudios de vigilancia de la enfermedad demostraron que la estrategia había funcionado. Como conté en esta entrada del blog, en el primer año tras el inicio de la vacunación, los casos de meningitis disminuyeron a la mitad entre los vacunados. Los estudios posteriores encontraron resultados aún mejores. Además de un moderado descenso en las cifras de portadores sanos (adolescentes no vacunados, que son los que más "diseminan" la bacteria) resulta que la vacuna contra la meningitis B también ayuda a controlar los casos de un tipo raro pero muy peligroso de meningitis, la tipo W, que está aumentando especialmente en Reino Unido. En un tipo especialmente grave de meningitis porque los síntomas son distintos a los habituales, se puede producir un retraso en el diagnóstico y la evolución es peor.

Este efecto de disminución de dosis para conseguir una inmunidad adecuada no es nuevo


También se produjo cuando la vacuna contra el neumococo (Prevenar ® )  pasó de aplicarse de forma privada al calendario oficial, financiado. De forma privada eran necesarias 3 dosis y un refuerzo y cuando se empezó a vacunar a todos los niños dentro del calendario oficial se quedaron en 2 dosis y un refuerzo. Otra vez, si todos los niños están vacunados, la transmisión es menor y el riesgo de enfermedad también disminuye.

O recientemente, cuando se optó por reducir una dosis de la vacuna pentavalente contra difteria, tétanos, tos ferina, polio y haemophilus por las mismas razones. Al estar la mayoría de los niños vacunados correctamente, las enfermedades circulan menos y los niños están igualmente protegidos gracias a la inmunidad del grupo. 

Por eso es tan importante que se vacunen todos los niños, para proteger indirectamente  también a aquellos que por circunstancias especiales no puedan vacunarse o porque aún son demasiado pequeños para determinadas vacunas.  

Si tu bebé ya ha recibido las primeras 3 dosis en el primer año de vida, seguirá necesitando la 4º, ya que debe ponerse después del año para que sirva de refuerzo. Pero si solo se ha puesto las 2 primeras a los 3 y 5 meses, se puede saltar la dosis de los 7 meses y ponerla directamente después del año.


Fuentes: 
http://revista.isciii.es/index.php/bes/article/view/1042/1275
http://vk.ovg.ox.ac.uk/meningococcal-disease

jueves, 31 de mayo de 2018

Cómo puede tu (futuro) hijo ayudarte a dejar de fumar

Dicen que nunca nadie se ha arrepentido de haber dejado de fumar. Cuando alguien recae no suele sentirse muy orgulloso de ello. Pero dejar de fumar requiere una motivación especial y nuestros hijos pueden convertirse en esa poderosa fuerza motivadora.

Se calcula que en España un 30% de las mujeres fuman durante el embarazo. Un 50% de las mujeres fumadoras consiguen dejarlo durante el embarazo, pero hasta un 80% vuelven a fumar tras el parto. El apoyo del entorno y buscar ayuda especializada es fundamental para mejorar estos mediocres resultados y conseguir evitar los perjudiciales efectos del tabaquismo durante el embarazo. 

¿Qué consecuencias tiene fumar para la fertilidad, el embarazo y la lactancia?

Fumar afecta a la fertilidad y aumenta el riesgo de embarazo ectópico y abortos espontáneos, por eso se recomienda dejar de fumar unos 3 meses antes de dejar el método anticonceptivo y lo ideal es que lo dejen tanto la madre como el padre. No solo porque así se evita que la madre se convierta en fumadora pasiva, sino porque tanto el padre como la madre aportan material genético y si ambos dejan de fumar disminuye también el riesgo de malformaciones congénitas asociadas al tabaco. (Aquí tienes toda la información de cómo planificar el embarazo para que tu hijo nazca sano)

Photo de Bebé creado por freepik

Antes de la gestación se pueden utilizar todos los productos necesarios para la deshabituación tabáquica
(medicación como la vareniclina o el bupropión, sustitutivos de la  nicotina mediante chicles, aerosoles nasales y parches transdérmicos, etc) que junto con el apoyo conductual pueden ser de gran ayuda para conseguir el objetivo. 

Si ya se ha producido el embarazo, también es posible (y muy deseable) dejar de fumar. Durante el embarazo no se recomienda el uso de sustitutivos de la nicotina, porque no mejoran las tasas de abstinencia de fumar en el momento del parto y no se puede asegurar que sean seguros para el niño (aunque no se han comprobado efectos adversos cuando se han usado). Tampoco se recomienda el uso de cigarrillos electrónicos porque contienen nicotina y no se conoce la dosis que puede considerarse segura durante la gestación. 
Foto: BSGStudio

Si la madre fuma durante el embarazo, el bebé está expuesto a nicotina (principal tóxico del tabaco), monóxido de carbono de la combustión (que compromete la llegada de oxígeno a la placenta) y más de 7000 sustancias tóxicas, metales pesados y conocidos carcinógenos.

El hijo de madre fumadora tiene más riesgo de prematuridad, bajo peso y malformaciones congénitas como labio leporino, alteraciones de corazón, estómago o riñones.
También se asocia a otros problemas a más largo plazo, como obesidad, problemas de comportamiento, déficit de atención y problemas en la inmunidad con aumento del riesgo de otitis, amigdalitis o asma.

Los hijos de madres que fumaron durante el embarazo tienen el doble de riesgo de hacerse adictos al tabaco si empiezan a fumar.

Durante los primeros días de vida el bebé puede estar  más irritable (por un verdadero síndrome de abstinencia) y luego más delante presentar cólico del lactante pero sobre todo estos niños tienen más riesgo de muerte súbita.

Cuando nace el bebé, la madre que ha conseguido dejar de fumar puede volver a caer. En este caso, la nicotina puede pasar a la leche materna y producir en el niño síntomas de irritabilidad, dificultad para dormir y cólico del lactante, pero sobre todo aumenta el riesgo de muerte súbita. Sin embargo, la madre que no consigue dejar de fumar debería hacer todo lo posible por continuar con la lactancia,  ya que es uno de los mayores factores protectores de muerte súbita. En este caso debería fumar justo después de las tomas y, por supuesto, lejos del bebé. 

¿Qué riesgos tienen los hijos de padres fumadores?

Los hijos de padres fumadores se convierten, sin quererlo, en fumadores de 2º mano, ya que respiran el humo que sale directamente del cigarrillo y el que expulsa el fumador al respirar. Fumar al aire libre o en una ventana disminuye algo la contaminación del ambiente, pero el riesgo no desaparece. Y si en una casa o vehículo se fuma, aún sin estar los niños presentes, estos se convierten en fumadores de 3º mano. Las cortinas, los tapizados, los muebles y demás objetos se impregnan de las más de 7000 sustancias tóxicas que contiene el tabaco y que resultan perjudiciales para la salud. 

Los niños fumadores de 2º mano tienen más riesgo de síndrome de muerte súbita, aunque no se fume directamente en la habitación del bebé y el desarrollo de sus pulmones es más lento, lo que los hace más sensibles presentar asma y a tener más infecciones respiratorias como neumonías, bronquiolitis, otitis o amigdalitis

Que tu hijo (o tu futuro hijo) sea tu mejor estímulo para dejar de fumar. 

Busca ayuda y lo conseguirás, y luego protégelo de convertirse en fumador de 2º mano. 
  • Que nadie fume en la casa ni siquiera en terrazas o ventanas.  
  • Tampoco en el vehículo, incluso con las ventanillas abiertas. 
  • Asegúrate de que todos los cuidadores conocen y cumplen estas normas.
  • Evita las zonas públicas donde aún está permitido fumar, aunque sean al aire libre (terrazas, recintos deportivos, playas) 
  • Habla con tus hijos sobre los peligros del tabaco. Nunca es demasiado pronto. Si ya son adolescentes adviérteles también de los riesgos de los cigarrillos electrónicos, antesala del cigarrillo convencional a estas edades. 


martes, 22 de mayo de 2018

El niño que no come. ¿Qué podemos hacer?

Los niños comen lo que necesitan. El hambre es un mecanismo de regulación perfecto para controlar la cantidad de alimento que tenemos que comer. Los niños lo tienen muy claro y no comen por compromiso, porque es la hora o para que no sobre comida. Al menos no lo hacen durante los primeros años de vida.
Cuando el niño es pequeño y no come la cantidad que los padres creen que debe comer surge la preocupación: ¿Estará bien?, ¿crecerá adecuadamente?, ¿le faltará alguna vitamina? 
Y no solo cuando el niño come poco. También cuando rechaza sistemáticamente ciertos grupos de alimentos (el típico niño que no prueba las verduras) o  se niega a probar alimentos nuevos
Si a esto le sumamos que en algún momento hemos insistido para que coma un poquito más, lo hemos forzado a comer o hemos perdido la paciencia en la mesa porque la comida se estaba transformando en una batalla campal, la relación del niño con la comida se puede volver problemática y entramos en una dinámica difícil de romper. 
Si queremos conseguir que nuestro hijo coma mejor, podemos aplicar unas sencillas reglas. 

Al niño que no come, cuanto menos le demos, mejor

No hay nada que desanime más al niño que come poco que ver un plato enorme rebosante de comida. Es preferible servir pequeñas porciones que se ajusten a lo que es posible que se coma. Hay que ser realistas. Como sabemos que va a comer poco, debemos asegurarnos de que que le servimos alimentos saludables. Es conveniente ofrecer alimentos variados, pero sin exagerar. Si ponemos 10 alimentos diferentes, el abanico de posibilidades es demasiado amplio. Inicialmente es suficiente con ofrecer 3 ó 4 tipos de alimentos diferentes que sean del gusto del niño. Pasados unos días, podemos incluir en esa variedad algún alimento de los que no acepta en cantidades mínimas. Es probable que el primer día ni siquiera lo pruebe. No importa. Hay que insistir.
A veces es necesario ofrecer el nuevo alimento 10 ó 15 veces hasta que se lo coma. 
Si un alimento en concreto le produce verdadero rechazo, es preferible esperar un tiempo prudencial antes de volver a intentarlo. A veces 1 semana puede ser suficiente, pero en ocasiones precisan mucho más tiempo para "olvidar" que un alimento no les gusta. 

Calladitos estamos más guapos

Igual que al niño que no come no lo regañamos, 
al niño malcomedor que por fin come algo, 
tampoco lo felicitamos. 

Seguramente ya sabes que forzar a los niños a comer es contraproducente. El niño se siente intimidado y puede comer incluso menos. Insistir en que se coma un bocadito más,  "ayudarlo" poniéndole el alimento en la boca o engañarlo haciendo el avioncito para que se coma una cucharada más son formas más discretas y sutiles, pero sigue siendo forzar a comer. Si el niño no tiene la oportunidad de dejar de comer cuando ya no tiene hambre estamos enseñándole a no respetar las señales de saciedad, lo que a la larga puede conducir a mayor riesgo de obesidad. 
Regañar al niño que no come, o intentar convencerlo prometiéndole un premio por comer ejerce el mismo efecto: mayor rechazo y una relación insana con la comida. Nunca hay que condicionar el postre a que se coma determinado alimento. El postre no es un premio, y las verduras no son el precio a pagar. Tampoco poner la tele, ir a jugar al parque o cualquier otra actividad agradable son intercambiables por el alimento rechazado. 
Del mismo modo tampoco es conveniente animar o felicitar al niño que por fin ha probado un alimento nuevo o que se ha acabado el plato. Se sentirá observado, incluso incómodo. Mejor actuar con naturalidad, aunque tengamos que "comernos" la tentación de salir corriendo a contárselo hasta a los vecinos. 

Eisntein decía que el ejemplo no es la mejor manera de enseñar, sino que es la única


Si no te ven comer verdura, difícilmente la quieran comer. Si no pruebas la fruta, no pretendas que la adoren. A los niños les encanta hacer lo que hacen sus padres, sus hermanos, sus iguales. Por eso comen mejor en el comedor escolar. No es que la comida esté mejor, o que los monitores del comedor "sí que saben" darles de comer. En el comedor comen porque es lo que ven hacer a los demás. No tienen nada en contra de tu comida.  

Con la comida sí se juega

Los niños necesitan experimentar con la comida. Tocarla con las manos, apretarla, estrujarla para comprobar la textura, la consistencia. Si le atrae lo suficiente querrá llevársela a la boca para probarla y con suerte, si le gusta, continuará el proceso, comiéndosela. Déjalo que juegue con la comida. Déjalo que use la cuchara y el tenedor. Solo teniéndolos a su alcance aprenderá a usarlos. El momento de la comida puede ser un momento divertido, además de una ocasión para aprender otras habilidades.
Hay que fomentar que juegue "con" la comida, no "durante" la comida. 
Comer jugando, mirando la tele o viendo dibujitos en la tablet o en el móvil hace que el niño coma distraído y probablemente coma más de lo necesario, ignorando la sensación de saciedad, que es fundamental para evitar la obesidad. Y si come corriendo o haciendo el pino, además se puede atragantar. 

Si no come lo que hay de comer, siempre nos queda el frutero


¿No se ha comido la tostada del desayuno? Le doy unas galletitas y un zumo para que se las coma de camino al cole. ¿No ha querido ni probar las lentejas? Que por lo menos se coma el yogur, para que no se levante de la mesa con el estómago vacío. ¿Que la fruta de la merienda se ha oxidado de tanto esperar y no se la quiere comer porque se ha puesto negra? Vale, otro yogur (de frutas, eso sí). ¿Que por la noche no se toma ni la tortillita, de tanto sueño que tiene? Pues le preparo un biberón con cereales para que no se vaya a la cama sin comer. 
Sin darnos cuenta se habrá tomado unas 750 calorías de las 1500 que precisa un niño de 3-4 años*. ¿Cómo pretendes que se coma la comida saludable que le has preparado? 
No sustituyas la comida sana que le ofreces por otros platos más apetecibles con la excusa de que así, al menos come algo. 
Porque ese "algo" generalmente no es tan saludable, le va a aportar demasiada energía y tendrá aún menos hambre. Y no tiene porqué pasar hambre. El frutero debe estar siempre bien surtido y disponible para que pueda comer la fruta que quiera cuando tenga hambre.
Este concepto lo ha ilustrado magníficamente en nutricionista Julio Basulto en este artículo de su blog. ¿Porqué no come mi hijo?

* calculando unos valores medios de 200 cal el paquete de galletitas, 100 cal un zumo de 250 ml, 100 cal un yogur de fruta, 250 cal un  biberón de 250 ml de leche con cereales.

miércoles, 25 de abril de 2018

Cómo disminuir el dolor de las vacunas

El momento de la vacuna es siempre temido por los niños y los padres, que saben que el mal rato está asegurado. Para qué lo vamos a negar, las vacunas duelen. Porque prácticamente todas son inyectadas, y un pinchazo es un pinchazo.

Sin embargo el dolor se puede controlar, y tenemos la obligación de poner todos los medios a nuestro alcance para que la vacunación sea lo menos dolorosa para el niño. El miedo a las aguja y al personal sanitario de bata blanca tiene su origen muchas veces en malas experiencias con las vacunas.

Para los bebés que reciben lactancia materna tenemos un recurso estupendo para disminuir el dolor. El pecho. Está más que comprobado que el bebé sufre menos si es amamantado mientras se vacuna. En parte es por la leche, porque la leche materna o un líquido azucarado también disminuyen el dolor, pero poner al niño al pecho es mucho mejor. El efecto analgésico del sabor dulce se ven potenciados por la distracción, la relajación que produce el contacto piel con piel y las endorfinas que se liberan durante el amamantamiento. 

Para que amamantar resulte efectivo para aliviar el dolor es necesario poner al pecho al bebé antes de administrar la vacuna, mantenerlo durante el tiempo que dure la aplicación de la inyección  y continuar un ratito después

Es importante saber que la ingesta de leche no interfiere con el efecto de las vacunas orales, como la del rotavirus, y que tampoco se relaciona con riesgo de atragantamiento ni rechazo posterior del pecho ni ningún otro efecto indeseable.

Fuente: Inmunize Canada

En ausencia del recurso de la lactancia materna, se pueden usar soluciones azucaradas. Se sabe que administrar un líquido dulce disminuye el dolor en recién nacidos, incluso prematuros, y es un recurso  muy usado en unidades neonatales. Sin embargo esta técnica solo es útil en niños pequeños, y quizá podría usarse hasta los 15-18 meses.
Consiste en ofrecer, 1 ó 2 minutos antes de la vacuna, un líquido azucarado preparado con 15-25 gr de sacarosa (3-5 cucharaditasde azúcar) en 10 ml de agua. Se administra 1-2 ml de esta solución con una jeringuilla,  ofreciendo a continuación el chupete. Si la vacunación coincide con la vacuna oral del rotavirus, se puede usar esta vacuna como solución azucarada.
Esta técnica, aunque es efectiva para disminuir el dolor, se debe usar solo para procedimientos dolorosos como vacunas o extracciones de sangre. No debemos olvidar que la succión de líquidos dulces es una causa importante de caries, aun en dientes de leche.


También se pueden usar medicamentos con efecto anestésico local 

Los más usados son la  crema EMLA®, que es una crema anestésica, o el espray frío de cloruro de etilo (Cloretilo Chemirosa®). La crema es la más utilizada pero requiere aplicarla 1 hora antes de la inyección. Para ello, la persona que vaya a realizar la inyección debe marcar la zona donde va a pinchar  para aplicar en esa zona una buena cantidad de crema (del tamaño de una moneda) cubriendo luego con un apósito plástico para que haga efecto.  
Fuente: Inmunize Canada

Un detalle importante a tener también en cuenta es la postura para la inyección. Está demostrado que hay menos dolor cuando el bebé está piel con piel o el  niño más mayorcito está en brazos
Nunca se debería tumbar a un niño para vacunarlo ni tampoco sujetarlo demasiado fuerte
El miedo es un componente muy importante de la experiencia dolorosa.
Fuente: Inmunize Canada
Elegir el lugar donde se va a poner la inyección también es fácil. Si el niño no anda, en el muslo. Si ya anda, en el brazo. Aunque tenga los brazos delgaditos, siempre hay músculo suficiente y le evitamos quedarse cojito unos días si la inyección le da reacción local. Y si la enfermera le clava la aguja como si fuera un puñal, no te asustes. Las vacunas duelen menos cuando se aplican rápido y sin aspirar. También duelen menos las agujas grandes, aunque parezca todo lo contrario. Si la aguja es demasiado pequeña, la inyección se queda justo debajo de la piel donde duele más y puede producir más reacción luego.

Cuando se administran varias vacunas, las más dolorosas de deben dejar para el final. De las que se ponen en los primeros años de vida, las más dolorosas son la triple vírica, que se pone a los 12 meses y a los 3 años, NeisVac C® , una de las vacunas disponibles contra la meningitis C que se pone a los 4 y 12 meses y luego a los 12 años y la Prevenar13® incluida a los 2, 4 y 12 meses en los calendarios actuales. La vacuna contra la meningitis,  Bexsero®, también resulta dolorosa y, al no estar incluida en los calendarios vacunales financiados, se recomienda administrar separada de otras vacunas para disminuir los efectos secundarios.

Con los niños más mayores quizás tengamos la tentación engañar al niño y que no sepa que va a vacunarse hasta el último momento. Mala idea. Los niños prefieren saber lo que va a suceder y mentir o engañar a los niños es siempre contraproducente si queremos ganarnos su confianza. Sin embargo las maniobras de distracción durante la vacuna pueden ayudar a disminuir el dolor. Se pueden hacer ejercicios de respiración amplios y lentos, leer un cuento, oír música, ver un video en el móvil o concentrarse en cualquier otra cosa que no sea la inyección.

Fuente: Inmunize Canada
También puede resultar útil acariciar, frotar o presionar la piel próxima al lugar de inyección  antes y durante la maniobra. El estímulo táctil "desvía la atención" del dolor, pero se debe interrumpir justo después del pinchazo, para no aumentar el riesgo de reacción local. En niños pequeños es más útil acariciarles la cara mientras les hablamos suavemente mirándolos a los ojos.


Si nos tomamos el tiempo suficiente, las vacunas no tienen por qué doler


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