Si estás embarazada seguramente te has preocupado por los problemas que está dando la Listeria, esta bacteria que se ha vuelto de pronto tan conocida. Cuando surge una alerta y somos parte de la población de riesgo, todos los síntomas nos suenan conocidos, todos los productos nos parecen sospechosos y todas las precauciones son pocas para cuidarnos.

La Listeria es una bacteria que se encuentra en el suelo, las plantas y el agua. El ganado también puede ser portador. La vía de transmisión a los humanos es a través del consumo de alimentos contaminados, como vegetales crudos, carnes, quesos poco curados, pescado ahumado, etc. y, a diferencia de muchas otras bacterias transmitidas por los alimentos, la Listeria tolera ambientes salados y puede incluso multiplicarse a la temperatura moderadamente fría de un frigorífico doméstico (entre + 2°C y +4°C).

En personas sanas la listeriosis puede producir los síntomas típicos de una intoxicación alimentaria, con fiebre y diarrea, o bien un cuadro similar a la gripe con fiebre y malestar que incluso puede pasar desapercibido. Pero en persona con la inmunidad comprometida la enfermedad puede ser más grave, incluso mortal.

Si una embarazada consume un alimento contaminado con Listeria tiene hasta 10 veces más probabilidades de enfermar, y aunque los síntomas pueden ser leves en ella, el paso de la infección a través de la placenta puede producir complicaciones graves en el feto o el recién nacido, dependiendo del momento del embarazo en que se produzca la infección.
Durante el primer trimestre, el mayor riesgo es el de aborto. Al final del embarazo, la infección puede comprometer el bienestar fetal y producir un parto prematuro o afectar al niño, que puede nacer con la infección.

En el recién nacido la Listeria suele producir una infección generalizada, una sepsis neonatal, que es la forma más grave de la enfermedad. También puede ocasionar meningitis, infección respiratoria y otras formas de infección localizada.

Cuando el recién nacido nace con síntomas que hacen sospechar una sepsis neonatal, siempre se trata con antibióticos que sean efectivos contra todas las bacterias que son capaces de producir infección a esta edad, entre ellas la Listeria. Aunque no haya una sospecha específica ni un brote activo en ese momento. Porque también se pueden producir casos aislados de infección y porque a veces los brotes de Listeria se identifican demasiado tarde y no puede demorarse el tratamiento del recién nacido. Los síntomas de la sepsis neonatal por Listeria pueden presentarse en el momento del parto, durante los primeros días de vida, incluso hasta varias semanas después durante el primer mes. Por eso un bebé de menos de un mes con fiebre siempre debe ser rápidamente valorado. Cuanto más precoz es la infección los síntomas son más evidentes y la infección generalmente más grave.

Pero, como siempre, lo mejor es prevenir. Para ello, seguir estas recomendaciones de seguridad alimentaria es todavía más importante para la embarazada.

En la cocina

Así no

Extremar las medidas de higiene al cocinar: lavarse las manos con agua caliente y jabón durante al menos 20 segundos, antes y después de manipular los alimentos, lavar cuidadosamente los utensilios y las superficies de trabajo. Extremar la higiene de trapos y bayetas, cambiándolas con frecuencia. No manipular carnes crudas junto a otros alimentos ya preparados o que se vayan a consumir crudos.

No cortes la carne en la misma superficie donde luego vas a partir los tomates de la ensalada.

Cómo cocinar y refrigerar

El calor mata a la mayoría de las bacterias pero hay que tener cuidado con la temperatura que alcanzan los alimentos durante la cocción. Las carnes deben llegar hasta los 71ºC, incluso en el interior (debe cambiar de color en el centro del corte). El horno microondas debe usarse correctamente para asegurar una temperatura uniforme y suficiente, siguiendo estrictamente las instrucciones del fabricante en este sentido.
Evitar los alimentos que se consumen crudos como huevos en salsas y mayonesas caseras, mousses, merengues y pasteles caseros, tiramisú, helados caseros, carne en carpaccio, pescado en “sushi”, “sashimi”, ceviche, carpaccio, pescado ahumado refrigerado o marinado, ostras, almejas o mejillones crudos.
Tampoco es conveniente el consumo de productos cárnicos crudos curados como chorizo, salchichón, salami, jamón o alimentos preparados que contengan vegetales, huevo, carne, fiambres, pescado como los sándwiches envasados.
Los alimentos ya cocinados se pueden conservar en el frigorífico durante el menor tiempo posible en recipientes cerrados, separados y lejos de los quesos y los alimentos crudos. Estos alimentos ya preparados y refrigerados se deben volver a calentar hasta alcanzar al menos 75ºC antes de consumirlos.
En el hogar, es recomendable mantener la temperatura del frigorífico por debajo de los 4ºC para limitar el crecimiento potencial de bacterias como Listeria.

Frutas y verduras

Así No

Lavar cuidadosamente las verduras que se van a consumir crudas. Se pueden también desinfectar con lejía. Hay que utilizar una lejía apta para desinfección del agua de bebida (consultar la etiqueta), 4 gotas por litro de agua, sumergir las frutas y hortalizas durante 10 minutos y enjuagar antes de consumir con abundante agua.
Evitar los brotes germinados que se consumen crudos (soja, alfalfa).
No comprar el melón cortado que ha estado expuesto a temperatura ambiente en el propio supermercado. En casa se puede conservar en frigorífico a menos de 4ºC durante un máximo de 7 días. Desechar si ha estado a temperatura ambiente más de 4 horas.
Los zumos deben consumirse recién exprimidos o elegir zumos envasados pasteurizados

Carnes

Evitar los patés, carnes para untar, embutidos o fiambres que se venden en la sección de refrigerados, salvo que se vayan a consumir cocinados y hayan alcanzado una temperatura segura (más de 71ºC).

Así sí

Así no

Lácteos

No consumir lácteos no pasteurizados, incluidos los quesos elaborados con leche cruda. Algunos quesos, como la mozzarella, sí se pueden consumir porque se someten a un proceso térmico durante su fabricación, pero si no lo tienes claro, mejor no consumirlo.

De leche pasteurizada Sí

Si quieres saber cómo limpiar la bayeta y cuando hay que tirarla, pincha aquí

Puedes encontrar más información en estos artículos del Ministerio de Sanidad y del Centro de Control de Infecciones de EEUU