Dicen que nunca nadie se ha arrepentido de haber dejado de fumar. Cuando alguien recae no suele sentirse muy orgulloso de ello. Pero dejar de fumar requiere una motivación especial y nuestros hijos pueden convertirse en esa poderosa fuerza motivadora.

Se calcula que en España un 30% de las mujeres fuman durante el embarazo. Un 50% de las mujeres fumadoras consiguen dejarlo durante el embarazo, pero hasta un 80% vuelven a fumar tras el parto. El apoyo del entorno y buscar ayuda especializada es fundamental para mejorar estos mediocres resultados y conseguir evitar los perjudiciales efectos del tabaquismo durante el embarazo.

¿Qué consecuencias tiene fumar para la fertilidad, el embarazo y la lactancia?

Fumar afecta a la fertilidad y aumenta el riesgo de embarazo ectópico y abortos espontáneos, por eso se recomienda dejar de fumar unos 3 meses antes de dejar el método anticonceptivo y lo ideal es que lo dejen tanto la madre como el padre. No solo porque así se evita que la madre se convierta en fumadora pasiva, sino porque tanto el padre como la madre aportan material genético y si ambos dejan de fumar disminuye también el riesgo de malformaciones congénitas asociadas al tabaco. (Aquí tienes toda la información de cómo planificar el embarazo para que tu hijo nazca sano)

 

Photo de Bebé creado por freepik

Antes de la gestación se pueden utilizar todos los productos necesarios para la deshabituación tabáquica
(medicación como la vareniclina o el bupropión, sustitutivos de la  nicotina mediante chicles, aerosoles nasales y parches transdérmicos, etc) que junto con el apoyo conductual pueden ser de gran ayuda para conseguir el objetivo.
 
Si ya se ha producido el embarazo, también es posible (y muy deseable) dejar de fumar. Durante el embarazo no se recomienda el uso de sustitutivos de la nicotina, porque no mejoran las tasas de abstinencia de fumar en el momento del parto y no se puede asegurar que sean seguros para el niño (aunque no se han comprobado efectos adversos cuando se han usado). Tampoco se recomienda el uso de cigarrillos electrónicos porque contienen nicotina y no se conoce la dosis que puede considerarse segura durante la gestación.
Foto: BSGStudio
Si la madre fuma durante el embarazo, el bebé está expuesto a nicotina (principal tóxico del tabaco), monóxido de carbono de la combustión (que compromete la llegada de oxígeno a la placenta) y más de 7000 sustancias tóxicas, metales pesados y conocidos carcinógenos.
 
El hijo de madre fumadora tiene más riesgo de prematuridad, bajo peso y malformaciones congénitas como labio leporino, alteraciones de corazón, estómago o riñones.
También se asocia a otros problemas a más largo plazo, como obesidad, problemas de comportamiento, déficit de atención y problemas en la inmunidad con aumento del riesgo de otitis, amigdalitis o asma.
Los hijos de madres que fumaron durante el embarazo tienen el doble de riesgo de hacerse adictos al tabaco si empiezan a fumar.
Durante los primeros días de vida el bebé puede estar  más irritable (por un verdadero síndrome de abstinencia) y luego más delante presentar cólico del lactante pero sobre todo estos niños tienen más riesgo de muerte súbita.
Cuando nace el bebé, la madre que ha conseguido dejar de fumar puede volver a caer. En este caso, la nicotina puede pasar a la leche materna y producir en el niño síntomas de irritabilidad, dificultad para dormir y cólico del lactante, pero sobre todo aumenta el riesgo de muerte súbita. Sin embargo, la madre que no consigue dejar de fumar debería hacer todo lo posible por continuar con la lactancia,  ya que es uno de los mayores factores protectores de muerte súbita. En este caso debería fumar justo después de las tomas y, por supuesto, lejos del bebé.

¿Qué riesgos tienen los hijos de padres fumadores?

Los hijos de padres fumadores se convierten, sin quererlo, en fumadores de 2º mano, ya que respiran el humo que sale directamente del cigarrillo y el que expulsa el fumador al respirar. Fumar al aire libre o en una ventana disminuye algo la contaminación del ambiente, pero el riesgo no desaparece. Y si en una casa o vehículo se fuma, aún sin estar los niños presentes, estos se convierten en fumadores de 3º mano. Las cortinas, los tapizados, los muebles y demás objetos se impregnan de las más de 7000 sustancias tóxicas que contiene el tabaco y que resultan perjudiciales para la salud.
Los niños fumadores de 2º mano tienen más riesgo de síndrome de muerte súbita, aunque no se fume directamente en la habitación del bebé y el desarrollo de sus pulmones es más lento, lo que los hace más sensibles presentar asma y a tener más infecciones respiratorias como neumonías, bronquiolitis, otitis o amigdalitis.

Que tu hijo (o tu futuro hijo) sea tu mejor estímulo para dejar de fumar. 

Busca ayuda y lo conseguirás, y luego protégelo de convertirse en fumador de 2º mano.
  • Que nadie fume en la casa ni siquiera en terrazas o ventanas.
  • Tampoco en el vehículo, incluso con las ventanillas abiertas.
  • Asegúrate de que todos los cuidadores conocen y cumplen estas normas.
  • Evita las zonas públicas donde aún está permitido fumar, aunque sean al aire libre (terrazas, recintos deportivos, playas)
  • Habla con tus hijos sobre los peligros del tabaco. Nunca es demasiado pronto. Si ya son adolescentes adviérteles también de los riesgos de los cigarrillos electrónicos, antesala del cigarrillo convencional a estas edades.