El momento de la vacuna es siempre temido por los niños y los padres, que saben que el mal rato está asegurado. Para qué lo vamos a negar, las vacunas duelen. Porque prácticamente todas son inyectadas, y un pinchazo es un pinchazo.

Sin embargo el dolor se puede controlar, y tenemos la obligación de poner todos los medios a nuestro alcance para que la vacunación sea lo menos dolorosa para el niño. El miedo a las aguja y al personal sanitario de bata blanca tiene su origen muchas veces en malas experiencias con las vacunas.
Para los bebés que reciben lactancia materna tenemos un recurso estupendo para disminuir el dolor. El pecho. Está más que comprobado que el bebé sufre menos si es amamantado mientras se vacuna. En parte es por la leche, porque la leche materna o un líquido azucarado también disminuyen el dolor, pero poner al niño al pecho es mucho mejor. El efecto analgésico del sabor dulce se ven potenciados por la distracción, la relajación que produce el contacto piel con piel y las endorfinas que se liberan durante el amamantamiento.
Para que amamantar resulte efectivo para aliviar el dolor es necesario poner al pecho al bebé antes de administrar la vacuna, mantenerlo durante el tiempo que dure la aplicación de la inyección  y continuar un ratito después
 

Es importante saber que la ingesta de leche no interfiere con el efecto de las vacunas orales, como la del rotavirus, y que tampoco se relaciona con riesgo de atragantamiento ni rechazo posterior del pecho ni ningún otro efecto indeseable.

 

Fuente: Inmunize Canada

En ausencia del recurso de la lactancia materna, se pueden usar soluciones azucaradas. Se sabe que administrar un líquido dulce disminuye el dolor en recién nacidos, incluso prematuros, y es un recurso  muy usado en unidades neonatales. Sin embargo esta técnica solo es útil en niños pequeños, y quizá podría usarse hasta los 15-18 meses.
Consiste en ofrecer, 1 ó 2 minutos antes de la vacuna, un líquido azucarado preparado con 15-25 gr de sacarosa (3-5 cucharaditasde azúcar) en 10 ml de agua. Se administra 1-2 ml de esta solución con una jeringuilla,  ofreciendo a continuación el chupete. Si la vacunación coincide con la vacuna oral del rotavirus, se puede usar esta vacuna como solución azucarada.
Esta técnica, aunque es efectiva para disminuir el dolor, se debe usar solo para procedimientos dolorosos como vacunas o extracciones de sangre. No debemos olvidar que la succión de líquidos dulces es una causa importante de caries, aun en dientes de leche.

También se pueden usar medicamentos con efecto anestésico local 

Los más usados son la  crema EMLA®, que es una crema anestésica, o el espray frío de cloruro de etilo (Cloretilo Chemirosa®). La crema es la más utilizada pero requiere aplicarla 1 hora antes de la inyección. Para ello, la persona que vaya a realizar la inyección debe marcar la zona donde va a pinchar  para aplicar en esa zona una buena cantidad de crema (del tamaño de una moneda) cubriendo luego con un apósito plástico para que haga efecto.  

Fuente: Inmunize Canada
Un detalle importante a tener también en cuenta es la postura para la inyección. Está demostrado que hay menos dolor cuando el bebé está piel con piel o el  niño más mayorcito está en brazos
Nunca se debería tumbar a un niño para vacunarlo ni tampoco sujetarlo demasiado fuerte
El miedo es un componente muy importante de la experiencia dolorosa.
Fuente: Inmunize Canada
Elegir el lugar donde se va a poner la inyección también es fácil. Si el niño no anda, en el muslo. Si ya anda, en el brazo. Aunque tenga los brazos delgaditos, siempre hay músculo suficiente y le evitamos quedarse cojito unos días si la inyección le da reacción local. Y si la enfermera le clava la aguja como si fuera un puñal, no te asustes. Las vacunas duelen menos cuando se aplican rápido y sin aspirar. También duelen menos las agujas grandes, aunque parezca todo lo contrario. Si la aguja es demasiado pequeña, la inyección se queda justo debajo de la piel donde duele más y puede producir más reacción luego.

Cuando se administran varias vacunas, las más dolorosas de deben dejar para el final. De las que se ponen en los primeros años de vida, las más dolorosas son la triple vírica, que se pone a los 12 meses y a los 3 años, NeisVac C® , una de las vacunas disponibles contra la meningitis C que se pone a los 4 y 12 meses y luego a los 12 años y la Prevenar13® incluida a los 2, 4 y 12 meses en los calendarios actuales. La vacuna contra la meningitis,  Bexsero®, también resulta dolorosa y, al no estar incluida en los calendarios vacunales financiados, se recomienda administrar separada de otras vacunas para disminuir los efectos secundarios.

Con los niños más mayores quizás tengamos la tentación engañar al niño y que no sepa que va a vacunarse hasta el último momento. Mala idea. Los niños prefieren saber lo que va a suceder y mentir o engañar a los niños es siempre contraproducente si queremos ganarnos su confianza. Sin embargo las maniobras de distracción durante la vacuna pueden ayudar a disminuir el dolor. Se pueden hacer ejercicios de respiración amplios y lentos, leer un cuento, oír música, ver un video en el móvil o concentrarse en cualquier otra cosa que no sea la inyección.

Fuente: Inmunize Canada

También puede resultar útil acariciar, frotar o presionar la piel próxima al lugar de inyección  antes y durante la maniobra. El estímulo táctil “desvía la atención” del dolor, pero se debe interrumpir justo después del pinchazo, para no aumentar el riesgo de reacción local. En niños pequeños es más útil acariciarles la cara mientras les hablamos suavemente mirándolos a los ojos.

Si nos tomamos el tiempo suficiente, las vacunas no tienen por qué doler

 

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