Estáis a punto de recibir el alta de la maternidad y  está todo preparado para que mamá y el bebé vuelvan a casa. Antes de salir para ir a buscarlos subes la calefacción para que el ambiente esté calentito, que en el hospital te han explicado que los recién nacidos se enfrían con facilidad. Pero cuando abres la puerta la sensación es abrasadora.

La temperatura se aproxima a la de una incubadora. La abuela empieza a quitarse capas hasta quedarse en mangas cortas. La  mamá se quita el chaquetón y piensa, “¡que calor! ¿será la subida de la leche?”. Tú estás tan feliz de estar por fin en casa que no te das cuenta de que te acabas de secar el sudor de la frente con la manga. ¿Es necesario pasar calor para que el bebé esté bien?

El recién nacido es muy vulnerable a los cambios de temperatura. Nada más nacer hay que secarlo cuidadosamente con una toalla precalentada y cubrirle la cabeza con un gorrito para evitar que se enfríe. Mojado y en contacto con el aire frío del ambiente perdería calor rápidamente y si se enfría tendría que consumir gran cantidad de energía para recuperar la temperatura. El recién nacido tiene otras tareas más importantes en las que consumir energía, como respirar, por ejemplo.

Pero al igual que se enfría con facilidad, también le cuesta mucho regular un exceso de calor. El mecanismo fundamental para eliminar el calor es la sudoración, pero éste mecanismo está aún muy inmaduro. Algunos niños no son capaces de sudar si tienen calor y esto hace que aumente la temperatura corporal llegando incluso a producir febrícula, “unas décimas”.

Para conseguir que el bebé esté cómodo, sin frío pero tampoco sin pasar calor, lo ideal es que la temperatura ambiente sea neutra. No hay una definición exacta de lo que es una temperatura neutra. Es un concepto muy subjetivo. A una misma temperatura ambiente una persona puede estar cómoda en mangas cortas y otra puede precisar más abrigo.

Para hacernos una idea, un bebé normal de 2 o 3 días, puede estar desnudo en una incubadora  a  unos 30ºC. A partir de ahí, a medida que descienda la temperatura habrá que abrigar un poco más al bebé, pero no hay ningún problema en que la temperatura ambiente esté incluso a unos 20ºC.

¿Cuánta ropa precisa el bebé?

Al igual que los adultos, los bebés también tienen sus preferencias. Los hay más o menos calurosos, más o menos frioleros. Debemos atender a las señales de que no se encuentran cómodos. En general los bebés sudan poco, pero cuando lo hacen es porque tienen calor. Así que si el bebé está sudando, hay que quitarle algo de ropa. Para valorar la temperatura corporal no nos podemos fiar  de que tenga las manos o los pies fríos. A veces las manos y los pies están más fríos que el resto del cuerpo porque tienen peor circulación y no llegan a calentarse; no porque el bebé tenga frío. Lo más adecuado es tocar a nivel de la zona central del pecho. Si notamos el pecho caliente, es que tiene calor. Si las manos o los pies están fríos pero el cuerpo está calentito bastará con ponerle unas manoplas o unos calcetines más gordos. La clásica recomendación de las abuelas, de poner una capa más de la que usaría un adulto no tiene base científica, pero es compartida incluso por los expertos de la Asociación Americana de Pediatría, en sus últimas recomendaciones para prevenir la muerte súbita del lactante.

¿Y para dormir?

Durante el primer año de vida es muy importante seguir las recomendaciones para prevenir la muerte súbita. Lo más importante es poner a dormir al bebé siempre boca arriba, pero también es importante evitar el sobrecalentamiento. Durante el primer año de vida, o al menos hasta los 6 meses, el bebé debe dormir en la habitación con sus padres. La temperatura de la habitación debe ser agradable para todos. La cuna tendrá un colchón firme con una sábana ajustable y nada más, sin objetos blandos y sueltos, como almohadas o juguetes en los que se pueda enredar. Esto incluye evitar sábanas y mantas en la cuna. Si es necesario, habrá que ponerle otro pijama.

 

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