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viernes, 2 de diciembre de 2011

Movimientos antivacunas


En los últimos tiempos se viene observando un aumento de las declaraciones contrarias a la vacunación. Podríamos decir que no se trata de un acontecimiento novedoso, pues los movimientos de rechazo a las vacunas nacieron a la par que ellas.
Los profesionales sanitarios que trabajamos en diferentes especialidades y jerarquías, pero relacionados con las vacunas, siempre intentamos expresar nuestros comentarios y opiniones sobre ellas fundamentados en la ciencia. Nos basamos en nuestros conocimientos adquiridos a través del estudio, de nuestra experiencia y de la de aquellos que, como nosotros, conocen la importancia que han tenido y tienen las vacunas para el bienestar y la salud de la humanidad. Además, acostumbramos a citar las fuentes de nuestros conocimientos y opiniones.
Sólo a las vacunas pueden atribuirse los cambios habidos en pocos años en la incidencia de enfermedades tales como la poliomielitis, la difteria, el tétanos, la tos ferina, el sarampión, la parotiditis, la rubéola, la rubéola congénita y las producidas por Haemophilus influenzae tipo b y el meningococo C. La mayoría de ellas han sufrido descensos entre el 95% y el 100% en su incidencia.
Cualquier persona tiene derecho a pensar y expresarse libremente, pero en la actualidad, defender que la erradicación de la viruela o los grandes progresos en la eliminación de la poliomielitis o el sarampión no se deben a las vacunas carece de fundamento científico.
El daño realizado por la publicación de Wakefield et al. en la revista Lancet en 1998, relacionando la vacuna del sarampión con la aparición de autismo, sigue hoy en día vigente, a pesar de que su principal autor fue inhabilitado para el ejercicio de la medicina por la falsedad empleada en la redacción del artículo. Los brotes de sarampión están salpicando todos los puntos del planeta, incluso en áreas donde se consideraba eliminado desde hacía años. Para evitar estos brotes se necesitan altas tasas de cobertura vacunal en la población, pero los cada vez más frecuentes movimientos antivacunas han producido un descenso de las coberturas, con lo cual se acumulan bolsas de población susceptible que están facilitando la aparición de estos brotes y la muerte de niños por una enfermedad que hace tiempo deberíamos haber eliminado. Durante el año 2011, hasta el mes de septiembre incluido, se han notificado más de 28.000 casos de sarampión en Europa, la mayoría de ellos en cinco países occidentales: Francia, España, Alemania, Italia y Rumanía. Se han notificado al menos ocho muertes (seis en Francia, una en Alemania y otra en Rumanía) y 22 encefalitis, y el 32% de los casos han requerido hospitalización.
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